Autlán

Autlán de Navarro o simplemente Autlán es una ciudad localizada a tres horas de Guadalajara, si no más. Eso porque la carretera que lleva el viajero de de la capital del estado de Jalisco hasta el municipio no está bien conservada y, además de todo, tiene muchas curvas. Al conductor se le recomienda que viaje por el día y que se mantenga atento en todo el trayecto.

Cuando estuve en Autlán, fui especialmente a conocer al deporte nacional de México: la charreada, un espetáculo que aconsejo a que uno lleve toda la familia. En general, las competencias se tardan entre tres o cuatro horas y se puede comprar taquitos, papas y refrescos en el lienzo. El día en que tuve el placer de ir a Autlán la charreada tuvo lugar en el Lienzo de La Grana. A un costado de este lienzo hay una tienda en que se puede comprar gusgueras a buen precio y también, para los que se olviden traer de casa, se puede comprar papel higiénico. En el lienzo hay baños.

Acerca de la charreria:

Segundo algunas crónicas, en 1532, llega a Nueva España un joven gallego llamado Sebastián de Aparicio, que viendo la utilidad que podrían prestar los caballos que vagaban por lo que es hoy el estado de Hidalgo, pensó en incorporar los indígenas a la actividad de manejo del ganado.


En ese tiempo todavía obtenían control sobre esas tierras los españoles, que argumentaban que ningún nativo debería montar a caballo, siendo esa una exclusividad de los conquistadores. 
Y hasta 1619 tardó para que el vi-rey Alberto Godínez diera el permiso para que por lo menos veinte indígenas de la región de la Hacienda Santa Lucía, lo que actualmente congrega la ciudad de Pachuca, pudieran montar a caballo. 

Así es que se pudo empezar a instruir los indígenas, enseñándoles como manejar la soga, lazar caballos, domarlos y después montarlos y justo de eso se originan las suertes de la charrería.

Además de ser útil para el trabajo diario en el campo, el conocimiento sobre el manejo del ganado contribuyó para facilitar actividades en la agricultura y también para aumentar la protección de los hacendados en casos de conflictos y guerras, pero no solamente de ahí surgen las suertes. El coleadero, por ejemplo, nace como diversión y se va convirtiendo en competencia realizada, en ese entonces, a veces para celebrar el cumpleaños del patrón o las festividades del santo del pueblo. De esa manera fueran juntándose grupos, hasta que en 1920 se funda en la ciudad de Guadalajara la Asociación de charros de Jalisco que es la más vieja.

Fotos: Maite Abaroa Schilling


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